Cada día tenemos más herramientas que, a priori, facilitan la comunicación entre las personas, mail, skype, teléfono, mensajería instantánea como Whatsapp o Line, redes sociales, …
A más herramientas tenemos peor nos comunicamos, lógicamente no es un problema de las herramientas es un problema de como las utilizamos.
Consideramos, muchas veces, unas herramientas como substitutivas de las otras, y no es así, las herramientas son complementarias y hay que saber usarlas correctamente.
Está bien enviar un mail informando de un problema, pero no es la herramienta adecuada cuando hacen falta diez mails más solicitando ampliar la información sobre el problema.
De la misma forma que suena surrealista que a alguien le informen de la muerte de un pariente próximo por Whatsapp (a mi al menos me lo parece) también es surrealista que frente a un problema grave o muy grave nos limitemos a enviar un mail pensando que “cómo está conectado ya lo verá”.
Lo peor es que tanto lo primero como lo segundo pasa.
La tendencia a la comunicación escrita en las organizaciones es brutal, y la mayoría de veces no es por dejar constancia, ni por ser más explícito, ni por ganar tiempo simplemente es lo más fácil, nos podemos esconder detrás de un mensaje sin tener la necesidad de hablar con nadie y por tanto sin opción a réplica y con la falsa sensación de controlar la situación, falsa sensación porqué al final entre los mensajes de réplica, las réplicas a las réplicas, etc… acabamos perdiendo más tiempo que si hubiéramos optado por la comunicación verbal.
No hay buenas y malas herramientas, el mail es una estupenda herramienta y Whatsapp y Facebook y seguramente la immensa mayoría de las que utilizamos en nuestro día a día, pero hay que aprender a racionalizar el uso que hacemos de cada una de ellas.
No entiendo la alergia que producen, cada día más, las comunicaciones por voz.
A veces pienso aquello de “cualquier tiempo pasado fue mejor”, cuando solo existía el teléfono no había dudas por escrito aquello que requería ser guardado, memoria persistente, y el resto hablado, en persona o por teléfono, no había más opción.
Entonces las quejas eran otras, ” no tengo tiempo para trabajar, me paso el día enganchado al teléfono” decíamos.
Ahora tampoco tenemos tiempo pero es tal el despliegue de medios a nuestra disposición que ya no sabemos ni en que se nos va.
Apuesto por recuperar el sentido común y hablar más y escribir menos, o mejor dicho, escribir lo necesario.
Es un buen propósito para el próximo año, lo sumaré a mi lista junto a lo de hacer más deporte, hacer dieta, ser mejor persona, etc…
Felices Fiestas!!